XVIII
Era
el último día de moda en el teatro Español.
Lelé y Fifí estaban en butacas. La presencia de Paulita y Jaime unas filas más allá, les hizo revolverse en sus asientos.
El
peinado de Paulita era de mano maestra; los solitarios de sus pendientes,
deslumbradores; el vestido, del encaje más elegante; el abrigo, de gro blanco y
encaje, tirado al descuido sobre el respaldo de la butaca, atraía las miradas.
Paulita
iba mil veces mejor ataviada que Fifí.
Esta
y su madre no pudieron contenerse; el demonio de la envidia las puso fuera de
sí, y empezaron á echar por aquellas bocas.
—
¡Ja, jay!., . Chica, madame Susini. . .
—
Oye, mamá, la marquesa de la Tagarnina...
—
¡Ja, jay! El de los abonos; se ha casado con la estanquera para que le líe los
cigarrillos...
—
¿Se pondrá ese abrigo para ir á la saca?
Y
así continuaron dirigiendo al feliz matrimonio cuchufletas del peor gusto, sin
preocuparse de si eran oídas por los espectadores cercanos.
Alguna
de aquellas pullas sería de las intolerables, y algún amigo debió de oírlas y
advertirle á Dalmau, pues éste buscó á Loló en un entreacto y le dijo;
—
Estoy enterado de los insultos que sus señora mamá y hermana, en alta voz,
están dirigiendo á mi mujer esta noche; dígame si está usted dispuesto á darme
la reparación que exijo, ó si he de dirigirme á su padre.
Loló
prometió escribir á su padre lo sucedido y proceder con arreglo á lo que aquél
contestase.
Pasó
tiempo sobrado para recibir contestación de Figueras, y como Dalmau no había
sido satisfecho de las ofensas, no quiso esperar más, y marchó á casa de las de
Tinto á verse con Eoló; pero no necesitó subir.
Loló
salía de su casa.
—
¿Ha recibido usted contestación del general?
—
No, señor; escribí, pero mi padre no llegó á leer mi carta. Papá ha muerto. Al
siguiente día de escribirle recibimos telegrama avisándonos que estaba
gravísimo; tomé el tren y sólo llegué al entierro, que por cierto fué muy
lujoso y espléndido: bandera y música, muchos coches particulares, todo lo más
distinguido de la población. . .
—
Basta — interrumpió Dalmau —; en vista de la situación por que atraviesan
ustedes, doy por terminado mi asunto, y haga presente á su mamá y á su hermana
mi más sentido pésame.
Y
se despidió.

