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Este blog está dedicado a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

XVIII. El último día de moda en el teatro Español.

 

XVIII

Era el último día de moda en el teatro Español.


 Lelé y Fifí estaban en butacas. La presencia de Paulita y Jaime unas filas más allá, les hizo revolverse en sus asientos.

El peinado de Paulita era de mano maestra; los solitarios de sus pendientes, deslumbradores; el vestido, del encaje más elegante; el abrigo, de gro blanco y encaje, tirado al descuido sobre el respaldo de la butaca, atraía las miradas.

Paulita iba mil veces mejor ataviada que Fifí.

Esta y su madre no pudieron contenerse; el demonio de la envidia las puso fuera de sí, y empezaron á echar por aquellas bocas.

¡Ja, jay!., . Chica, madame Susini. . .

Oye, mamá, la marquesa de la Tagarnina...

¡Ja, jay! El de los abonos; se ha casado con la estanquera para que le líe los cigarrillos...

¿Se pondrá ese abrigo para ir á la saca?

Y así continuaron dirigiendo al feliz matrimonio cuchufletas del peor gusto, sin preocuparse de si eran oídas por los espectadores cercanos.

Alguna de aquellas pullas sería de las intolerables, y algún amigo debió de oírlas y advertirle á Dalmau, pues éste buscó á Loló en un entreacto y le dijo;

Estoy enterado de los insultos que sus señora mamá y hermana, en alta voz, están dirigiendo á mi mujer esta noche; dígame si está usted dispuesto á darme la reparación que exijo, ó si he de dirigirme á su padre.

Loló prometió escribir á su padre lo sucedido y proceder con arreglo á lo que aquél contestase.

Pasó tiempo sobrado para recibir contestación de Figueras, y como Dalmau no había sido satisfecho de las ofensas, no quiso esperar más, y marchó á casa de las de Tinto á verse con Eoló; pero no necesitó subir.

Loló salía de su casa.

¿Ha recibido usted contestación del general?

No, señor; escribí, pero mi padre no llegó á leer mi carta. Papá ha muerto. Al siguiente día de escribirle recibimos telegrama avisándonos que estaba gravísimo; tomé el tren y sólo llegué al entierro, que por cierto fué muy lujoso y espléndido: bandera y música, muchos coches particulares, todo lo más distinguido de la población. . .

Basta — interrumpió Dalmau —; en vista de la situación por que atraviesan ustedes, doy por terminado mi asunto, y haga presente á su mamá y á su hermana mi más sentido pésame.

Y se despidió.