XVI
Paulita
y Jaime se casaron sin anuncios previos; ella, con su mantillita y traje de luto;
él, con el mismo terno con que hubiera ido á examinar unos terrenos. No hubo
velo blanco, ni flores simbólicas, ni murgas cursis, ni convite. Fueron y
vinieron de la iglesia sin ningún detalle exterior que dijera á los
transeúntes: «¡Eh! ¡Que nos vamos á casar!»
Entendía
el novio que esta costumbre es detestable, pues despierta la socarronería y aun
la grosería de las gentes que se encuentran al ir y al venir de la iglesia.
Con
Paula fueron á vivir su madre y su hermanita, que dejaron el estanco y su
tabuco. Edilberto era ya sargento y no quiso dejar la milicia.
Incidentalmente,
Paula nombró en cierta ocasión á las de Tinto.
— Esa familia — dijo Dalmau — es como fue la tuya, como son muchas familias de empleados del Estado; por la posición que ocupan se creen obligados á vivir con ostentación y á educar á sus hijos como príncipes, considerando el sueldo mensual como renta de una finca eterna, cuando, en realidad, sólo existe mientras vive el jefe de la familia.
Así procedió tu padre y labró vuestra desdicha futura; lo mismo está haciendo Lelé con sus hijos. Fifí es buena y agraciada, y no te ocultaré que tuve por ella mis comienzos de enamoramiento; pero Fifí hubiera sido la soberana absoluta de mi casa, la gran señora que se ha dignado unirse á un inferior, á un almacenista que, anochecido, sube con el balance del día y las ropas impregnadas de hedores, y como galardón á mi laboriosidad, no me hubiera alargado los brazos para abrazarme, sino para tomar la liquidación del día y saber de qué cantidad podía disponer para la ostentación y el lujo del siguiente.
Las jóvenes educadas en ese ambiente de falsa y ridícula grandeza
son pompas de jabón, de las que los solteros de buen sentido huyen, unos
asustados de las irisaciones superficiales, y otros desencantados por el vacío
que tales irisaciones envuelven.

