XIII
Empezaba
á anochecer cuando Romualdo salió de los almacenes de Dalmau.
Los
últimos destellos del sol poniente produjeron en su ánimo los efectos de un
amanecer.
Vió
cómo iban encendiéndose las bombillas de algunas tiendas y los arcos voltaicos
de la calle, haciéndose la ilusión de que era él quien les suministraba el
fluido.
Llegó
á la posada y no quiso cenar. Necesitaba encontrarse á solas con sus
esperanzas, á punto de realizarse, gozarse con ellas, y se acostó.
En
las pocas horas que pudo conciliar el sueño, vió el cauce del pequeño Esgueva
convertido en cinta de luz, y deshacerse en nube de chispas intensas al saltar
por la tajadera de su molino, dentro del cual sus hijos las recogían,
empaquetaban y remitían á los pueblos cercanos, mientras el susurro del agua y
el zumbido de la dinamo entonaban himnos á la ciencia y al trabajo.
