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Este blog está dedicado a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

XIV. Cuando Dalmau es disecado por madre e hija con la mirada.

 

XIV

Dalmau fué á visitar nuevamente á Lelé. Volvió á esperar un cuarto de hora en la sala y á ser disecado por madre é hija desde el observatorio. Vestía levita inglesa irreprochable, corbata al desgaire con alfiler puesto de cualquier modo, pero corbata y alfiler que hubiesen hecho la felicidad de Loló.

Lelé y Fifí, antes de salir á la visita, pasaron por el recibidor á fisgar el abrigo que Dalmau había dejado en el perchero.

Estaba forrado de pieles; superior. ¡Dos mil pesetas!

 

¿Pero en qué cabeza cabe? Por Dios, amigo Dalmau, con lo que en esta casa se le aprecia y lo mucho que el general nos lo tiene á usted recomendado; no sabe usted el disgusto que pasamos cuando nos contó Loló el por qué no había usted vuelto; no le digo más sino que Fifí se puso mala del disgusto.

Estas explicaciones debieron de convencer á Dalmau, que acabó por pedir mil perdones por su equivocación.

Continuó el ingeniero tratando á las de Tinto, y el día del cumpleaños de Fifí envió á ésta una artística corbeille que, dada la estación, debió costarle bastante.

Las amistades de la casa ya habían empezado á felicitar á Fifí por su suerte; ella aceptaba las felicitaciones con el consiguiente esponjamiento, y madre é hija habían vuelto á estudiar los escaparates de confecciones para ir planeando el equipo.

Pero el demontre del agrónomo llevaba tres ó cuatro meses visitándolas y buscándolas en paseo, sin hacer declaración en regla á Fifí. De nada servían las diarias lecciones de la madre. La chica procuraba colocar á Dalmau en el disparadero; como si no. Le hablaba de lo que se habría dejado en Figueras, y él aseguraba no haberse dejado sino á su anciano padre. Llegó á preguntarle su opinión acerca del amor, y Dalmau se extendió en filosofías; llamó al amor afinidad electiva, y lo equiparó á la afinidad química, con otros conceptos tan profundos que, para Fifí, resultaba lenguaje persa, y no sabía explicar á su madre lo que el ingeniero le había dicho.

Dile que te ponga unos versos en el abanico; puede que así se claree, y hostígale añadiendo que los versos te gustan muy expresivos, á ver por dónde sale.

Dalmau no había hecho versos jamás, y no era el almacén de abonos el lugar más apropiado para inspirarse; así fué que el hombre, á trancas y á barrancas, puso en el abanico la pedestrería siguiente:

Jugar con el abanico

es costumbre en la mujer,

y que al suelo se le caiga

es muy frecuente también.

Fifí, que así le suceda

mucho lo celebraré,

porque así habré conseguido

estar á los pies de usted.

DALMAU.

¡Vaya, vaya! — dijo ya impaciente Lelé —, ese tío sabe más que Briján, y es preciso herrar ó quitar el banco.

Y concedióle de plazo hasta el día del baile de personajes.

Me olvidé decir que la de Ledesma había dado un baile de trajes, y Lelé, para no quedar debajo, decidió dar otro, de trajes también, pero representando un personaje histórico cada uno. Esto no podía ser costoso, pues el gasto corría á cargo de los invitados, y respecto al obsequio, el té era cosa socorrida y estirable mientras corriera el Lozoya.

Como remate de la fiesta, propuso Quico que se bailase el Koeng-Klau, baile, según él, peculiar de los salvajes antropófagos de Africa, pero de alta elegancia, pues ya se empezaba á bailar entre los soberanos de Europa; y como á él se lo había enseñado un portugués del consulado, explorador de países desconocidos, Quico se prestó á enseñarlo y dirigirlo y, por si había duda, sentóse al piano y largó una tocata entre tango y zapateado, asegurando ser aquel el ritmo del Koeng-Klau.

Hallazgo de perlas parecióle á Lelé lo del baile salvaje, y en la tarde de un miércoles se verificó el primer ensayo. Pero Dalmau, pareja obligada de Fifí, escamado, como buen catalán, de que Quico pudiera tomarles el pelo, se negó á hacer aquellas cabriolas y muecas, impropias, á su juicio, de personas serias y sivilisadas; por lo cual se desistió del Koeng-Klau hasta tanto no estuviese sancionado por la costumbre en los principales salones de Madrid.