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Este blog está dedicado a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

XII. El proyecto para el molino del río Esgueva.

 


XII

Aquel pardillo que entró en los almacenes de Dalmau, estando Loló, era manco y se llamaba Romualdo; demasiado lo habrán comprendido los lectores.

Tío y sobrino se vieron sin adivinarse, y muy natural que así sucediese, pues el pardillo no llevaba el escudo de los Tinto bordado en las alforjas.

Me han dicho — empezó el forastero — que, además de los abonos minerales, tiene usted la representación de algunas casas extranjeras, constructoras de toda clase de material para instalaciones y fábricas de electricidad.

Así es, en efecto—, contestó Dalmau.

Pues bien; yo tengo un pequeño molino harinero, con el que, hoy por hoy, no muelo ni un mal grano de trigo; pero me aseguró un señor de esos que andan por ahí levantando planos, que con el salto de agua del molino, y gastándome unas pesetas, podría mover una pequeña máquina eléctrica, de esas que llaman dinamos, y dar luz á los tres pueblos inmediatos, Fombellida, Castroverde y Torre de Esgueva, distantes del molino kilómetro y pico el que más. Usted me dirá si eso puede ser.


 — Vamos á verlo: por el caz del molino, ¿cuánta agua pasa por segundo?

Setecientos litros; de eso tengo seguridad.

Son 700 kilogramos. ¿De qué altura caen?

De dos metros con 20 centímetros.

Setecientos por 2 con 20, son 1.540 kilográmetros; los cuales, divididos por 75, dan el número de «caballos» á que el salto de agua equivale, y con los cuales ha de moverse la turbina, y ésta, á su vez, moverá la dinamo; pero la energía disponible, al pasar del caz á la turbina y de ésta á la máquina eléctrica, irá disminuyendo, de modo que dando 20 caballos el salto, la turbina dará 16 y el generador eléctrico, 12.

Pues, hijo, diga usted que se matan más caballos que en una corrida.

Pues todavía queda otro toro por correr.

¿Cuál?

La línea; porque ha de saber usted que la corriente eléctrica, igual que una corriente líquida, tiene sus filtraciones, lo mismo que los fondos de cualquier Municipio; ¡conque ya puede usted dar la puntilla á tres caballos más!

Y nos quedan nueve caballos.

Suponiendo que emplee usted lámparas de «medio consumo», con cada caballo puede encender 30 lámparas de 10 bujías.

Son 270 lámparas; las que necesito, precisamente, para los tres pueblos, por lo que ya tengo hablado con los alcaldes y los vecinos.

Entonces, puede usted convertir el molino en fábrica de energía eléctrica, y cantar victoria.

Cantar. . . cantar. . . Si usted me hiciera el favor de decirme lo que me podrá costar, sobre poco más ó menos. . .

Jaime sacó unos catálogos, tiró de lápiz y papel, y durante algunos minutos estuvo haciendo números mientras Romualdo le dictaba algunos datos y le contemplaba con veneración.

Aquí está el presupuesto — dijo Dalmau al terminarlo —: 10.700 pesetas es la cantidad alzada que yo presupongo.

Romualdo tomó el papel, quedóse contemplándolo buen rato y dándole algunas vueltas en silencio, hasta que le dijo el ingeniero:

¿Qué? ¿Le parece á usted mucho la cantidad presupuesta?

Al que nada tiene, todo le parece mucho; quiero decir con esto, que yo no dispongo de un real — contestó Romualdo con gran tristeza.

Busque usted un socio capitalista.

A eso he venido á Madrid; a ver si podían hacer algo por mí los parientes que tengo; pero mi hermano está en Figueras, y su familia se ha negado á recibirme, porque son gente que presume, y yo. . ., yo no soy más que un pardillo, como decimos allá por Valladolid; lo que haré es escribir á mi hermano el general Pérez Tinto, á ver si quiere salir fiador de esa cantidad á que sube el presupuesto.

¿Usted es hermano del general Tinto?

Por parte de padre y madre. ¡Qué! ¿Le conoce usted?

¡Ya lo creo! Y trato mucho á su familia; ese joven que salía cuando usted entró, es el hijo del general.

Entonces, Romualdo contó á Jaime su desventurada historia, con el recibimiento que le había hecho Lelé.

Nada de esto extrañó el agrónomo, que se compadeció de aquel pobre hombre, sintiendo por él tan viva simpatía como repulsión sintió de Fifí, Lelé y Loló, desde aquel momento.

No hace falta que escriba usted á su hermano — dijo Dalmau —; no tengo inconveniente en proporcionar á usted dinamo, hilo de cobre, aisladores de porcelana y demás material que se necesita para la instalación; yo me reintegraré del importe pagándome usted una cantidad mensual á contar desde medio año, después de estar funcionando la fábrica. Usted dirá si le conviene la proposición.

Romualdo se quedó sin poder contestar, embargado por la alegría. De buena gana hubiese dado un abrazo al ingeniero; pero, con un solo brazo, le pareció irreverencia. Deshízose en frases de gratitud incoherentes y mal hilvanadas, pues para hablar bien y con elocuencia precisa no sentir lo que se dice, y el hombre sentía muy hondo agradecimiento en aquel instante.

Dalmau quedó encargado de redactar el proyecto que había de entregarse al Gobernador civil de la provincia, para ser cursado á la aprobación de Obras públicas, así como de enviar á Valladolid todo el material necesario.